sábado, 1 de mayo de 2010

LAS FACETAS DE ANTANAS MOCKUS

Mockus, el político artista


La alianza con los ex alcaldes de Bogotá Enrique Peñalosa y Lucho Garzón, y la adición de Sergio Fajardo como fórmula vicepresidencial han sido movidas políticas efectivas.
Fotos: Wikiciudadana y Laura Rico
Mockus fue elegido alcalde de Bogotá en 1995 y una vez más en 2001. Foto: Campaña Antanas Mockus

















































Antanas Mockus le regaló una vez a su mamá un libro sobre Salvador Dalí, el excéntrico artista español conocido por su arte surrealista. Cuando terminó de leerlo, Nijole, que es escultora, le dijo a su hijo que él se parecía a Dalí. “Como Dalí”, le dijo, “usted puede convertir una taza en una obra de arte. La diferencia es que para eso necesita una nube de fotógrafos.”

Dalí tomaba elementos cotidianos, como sus famosos relojes, y sacándolos de contexto, derritiéndolos, lograba que la audiencia reinterpretara su realidad. De la misma forma, Mockus con sus actuaciones inesperadas irrumpe en los espacios conocidos, los vuelve extraños y obliga a los espectadores a reconsiderar los hábitos que se van enconando en una sociedad. Mockus es el Dalí de la política colombiana.

Como el artista surrealista, Mockus, a través de símbolos, establece una conexión emocional con una audiencia que así no entienda sus palabras, capta su mensaje. "Cuando las palabras se agotan, queda el arte", escribió el candidato del Partido Verde en un artículo académico en 2004. Solo que en su caso, su arte es la política.

Mockus, con un solo gesto atrevido, con unas nalgas blancas que nadie esperaba ver, se volvió de la noche a la mañana un personaje nacional. La bajada de los pantalones frente a 500 estudiantes el 28 de octubre de 1993 (y luego en las pantallas de televisor de todo el país) no hizo al entonces rector de la Universidad Nacional famoso por la irreverencia con que le puso los pelos de punta a la academia tradicional. Eso se olvida en unos días. La bajada de los pantalones dijo lo que mil palabras no podían expresar. De los chiflidos que no lo dejaban hablar, los estudiantes pasaron a escuchar atentamente su charla sobre cómo el arte afecta la cultura. Con un solo gesto creó un nuevo marco de conversación.

Mockus no es un político normal. No saluda a todo el mundo, no se acuerda de nombres (hasta hace poco le decía Vilma a Gilma Jiménez, su congresista más votada). Sus discursos no seducen multitudes, y piensa mucho antes de hablar. Sus ideas son tan abstractas que no las entiende cualquiera. Sorprende, al conocerlo en persona, su timidez.

Según Mockus, hay una frase del filósofo Federico Nietzsche que dice que entre más abstracta sea la verdad que se quiera enseñar, más se deben atraer hacia ella incluso los sentidos. Es por eso que ha tenido que encontrar otras formas de comunicarse, con símbolos que llegan donde sus palabras no. Además, se rodea de gente que le sirve de intérprete, que traduce su mensaje, como lo es ahora Lucho Garzón o lo fue su secretaria de gobierno Alicia Eugenia Silva cuando era alcalde (y no se habían distanciado).

Pero, a pesar de carecer de las habilidades del político tradicional, Mockus es un político efectivo como lo demuestran las últimas encuestas que pronostican que llegará a la segunda vuelta.

El performer

En uno de esos giros irónicos que da la historia, fue Gustavo Petro, uno de sus contrincantes en esta contienda, quien le vio primero el futuro político a Antanas Mockus. Le propuso que se lanzara a la alcaldía después de que se vio forzado a renunciar a la rectoría de la Nacional y él aceptó. El matemático filósofo le ganó a Enrique Peñalosa las elecciones a la Alcaldía de Bogotá en 1995 después de una campaña de ocho meses, ocho millones de pesos, y con sede en el apartamento de su mamá.

Recibió una ciudad que por décadas había sido tan violenta y corrupta, que era el único lugar en América vedado a los turistas por recomendación de las empresas gringas de recomendaciones para viajeros. Y logró, como alcalde, cambios en la cultura bogotana que se reflejaron en indicadores concretos: más seguridad, más ingresos para la ciudad, un tráfico soportable.

Mientras se esperaba que las soluciones a los problemas de la criminalidad y desorden en la ciudad se enfrentaran con las herramientas usuales (fuerza pública, inversión, castigos), el nuevo alcalde, con fama de académico algo desadaptado, emprendió una campaña de acciones simbólicas que sacó la problemática de la ciudad del contexto en que siempre se había analizado.

Para enfrentarse a la epidemia de violencia que había en la ciudad, Mockus promovió una campaña de 'vacunación'. Cerca de 45 mil personas participaron en la iniciativa, en la que desahogaban las rabias reprimidas contra un globo al que le pintaban la cara de la persona que más los había herido. Esta terapia simbólica no cambiaba nada tangible de la situación, pero logró un auto análisis en los participantes que llevaron a un cambio de comportamiento.

Por supuesto, los actos simbólicos no funcionan solos. A ellos se unieron otras políticas, muchas de ellas de índole administrativo como los consejos periódicos de seguridad para lograr mejor coordinación entre entidades como el DAS, la policía, y el ejército, que luego fueron replicados a nivel nacional. También cuadruplicó la inversión en policía en la ciudad. Los dotó de motos, radioteléfonos, carros, para hacer su trabajo más eficiente (ver artículo).

Pero incluso las decisiones más duras de Mockus, como la de intentar lograr un desarme de los ciudadanos por la cual se enfrentó al general Harold Bedoya, entonces Comandante General de las Fuerzas Militares, estaban acompañadas de un lenguaje de símbolos que más allá de los argumentos para el militar le explicaban a la población sus propósitos.

Cuando Mockus propuso el desarme total de la población civil en Bogotá, su propuesta tuvo una pobre acogida entre la ciudadanía, y fue rechazada por el Ministro de Defensa. Mockus decidió, entonces, desarmar a sus escoltas y metió sus armas dentro de una urna. Por cuestiones legales no logró que el desarme permanente fuera obligatorio, pero convenció a cerca de 3.000 bogotanos de cambiar sus pistolas y puñales por bonos de mercado en una Navidad.

Cuando las FARC lo amenazaron de muerte si no renunciaba a la alcaldía, en lugar de responder fortaleciendo su esquema de seguridad, el alcalde mandó a hacer un chaleco blando con un hueco en forma de corazón en el respectivo lugar. En vez de responder a la fuerza con fuerza, en vez de demostrar con más carros blindados y más escoltas que él 'tenía pantalones', Mockus mostró su valentía con un gesto que exponía lo absurdo que sería un ataque a una persona que se negaba a defenderse.

"O te vuelves absolutamente vulnerable frente al violento de tal forma que lo obligas a justificarse, o habiendo asumido de entrada tu muerte, te declaras abiertamente inmortal", decía Mockus en ese momento, según quedó registrado en el libro "No Somos Machos, pero Somos Muchos".

Las políticas de Mockus se caracterizaron por representar un repudio al chantaje y una oposición rotunda a negociar con los violentos. Durante su segunda administración, Bogotá estaba prácticamente sitiada por la guerrilla, y había habido varios ataques terroristas dentro de la ciudad, entre ellos la bomba en el club El Nogal y los ataques durante la posesión de Álvaro Uribe. También habían hecho un atentado contra la reserva de agua de Chingaza que, de haber sido exitoso, habría dejado sin agua a gran parte de la ciudad y habría creado una avalancha que habría enterrado a la ciudad de Villavicencio.

A diferencia del presidente, Mockus no quiso crear una red de informantes pagos pues, según él, "al Estado le queda imposible competir con el dinero de los grupos armados y el narcotráfico. Ellos siempre pueden ofrecer más. El Estado tiene que competir con y por su legitimidad". En cambio, organizó una campaña de croactividad para celebrar a los "sapos", que llevó a un aumento en las denuncias a la línea de emergencia 112 y a la prevención de varios ataques.

Por otro lado, el tráfico de Bogotá estaba en caos, pero, ante la mirada incrédula de la opinión pública, Mockus despidió a 3.200 oficiales de tránsito y puso a mimos a dirigir a los conductores. Los mimos no ponían multas, se burlaban de los que violaban las normas. El alcalde consideraba que los colombianos le tenían más miedo al ridículo que al castigo, y el ejercicio funcionó: las muertes por accidentes de tráfico se redujeron por la mitad desde el principio de su primera alcaldía hasta el final de su segunda. También repartió una tarjetas, verdes por un lado y rojas por el otro, con las cuales los ciudadanos podían calificar los comportamientos ajenos.

A la gente le gusta decir que Mockus sería perfecto para un país sin grandes problemas como Dinamarca, pero como alcalde se enfrentó a problemas enormes, y dió resultados. Aunque fue lo que más lo distinguió, no se limitó a las actuaciones simbólicas y las lecciones pedagógicas. Tomó decisiones duras, y se enfrentó al Concejo una y otra vez.

Mockus privatizó la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB). Gracias a la confianza que inspiraban sus programas, logró que 63.000 familias pagaran voluntariamente el 10% más del impuesto predial. Tomó muchas medidas impopulares como subir la tasa a la gasolina y prohibir el uso de pólvora por particulares. En la protesta de taxistas a raíz del pico y placa generó caos en la ciudad en 2001, pero Mockus no cedió a sus presiones.

Impuso la ley zanahoria, cerrando la rumba a la 1 de la mañana, lo cual le costó en popularidad pero ayudó a bajar sustancialmente la tasa de homicidios por cien mil habitantes, que se redujo de 82.1 a 64.9 en su primera alcaldía y llegó a su nivel más bajo en décadas durante su segunda, a 23.4. Saneó además las finanzas del distrito, que pasó la calificación tributaria de A en 1994 a AAA en 2003, y eso plantó los recursos que harían posibles muchas de las mejoras de infraestructura que luego inició Peñalosa.

El 'cusumbo solo'

Cuando era rector de la Universidad Nacional, Mockus andaba por el campus en bicicleta y sus escoltas tenían que seguirlo en el Mercedes blindado de la rectoría. “Para mí, la bicicleta es símbolo del individuo. Ahora, nadie anda solo. Todo el mundo anda en masa: en buses, carros, de a tres, de a cuatro, de a veinte,” dice Mockus. Esa era una época de papas bomba y protestas de encapuchados en respuesta al aumento de matrículas a 60 por ciento de los estudiantes propiciada por Mockus, como parte de una estrategia para aumentar los ingresos de la universidad.

Como político y como persona, Mockus ha sido una persona solitaria, individualista.

Fue el primer alcalde independiente de Bogotá, y una vez elegido, se enfrentó al Concejo desde el principio, y allá le tumbaban sus proyectos, una, cinco, y hasta diez veces. A los concejales no los recibía en su oficina. Por un lado, sus defensores dicen que esa fue su manera de enfrentarse a la corrupción y al clientelismo a toda costa, pues se negaba a darles a los concejales las cuotas burocráticas a las que estaban acostumbrados. Pero por otro lado, Mockus no construyó alianzas, y no trabajó en equipo.

El plan de desarrollo de su primera alcaldía, por ejemplo, lo pasó por decreto argumentando que el Concejo lo había tramitado ilegalmente pues los concejales se demoraron más de un mes para votarlo. Mockus lo había presentado el 30 de abril, y el Concejo lo votó 31 días más tarde. El plan contenía medidas a las que se oponía el Concejo como la sobretasa a la gasolina y la participación del sector privado como accionista en empresas de servicios públicos.

En otra ocasión, en una rueda de prensa sobre su reforma tributaria, le preguntaron qué haría si el Concejo no le aprobaba los proyectos de acuerdo. El alcalde contestó: "Me sacan de un momento histórico de la ciudad para meterme en la telenovela de las relaciones con el Concejo." Después se disculpó y se retiró del recinto.

Algunos analistas han dicho que en un eventual gobierno suyo, su talón de Aquiles sería no tener suficientes congresistas para aprobar los proyectos que quiera tramitar. Tiene una bancada en el Congreso de cinco congresistas y la pregunta es cómo haría para armar una coalición con los congresistas de los otros partidos si no está dispuesto a realizar negociaciones políticas.

Y aunque para muchas personas está bien que Mockus considere inmoral la negociación de puestos, ningún presidente ha logrado gobernar en los últimos años ignorando al Congreso. A diferencia de como funciona una ciudad en la que el Alcalde puede gobernar sin el Concejo, la Constitución de 1991 estableció un sistema de pesos y contrapesos donde el Presidente tiene que sentarse y armar una coalición mayoritaria pues el mandatario de turno ya no puede pasar por encima del legislativo como lo hacía en la época de los decretos de emergencia. El mismo diseño del sistema lo obliga a negociar. Y los partidos que acepten entrar en su coalición muy seguramente le pedirán representación burocrática.


El candidato


Un año antes de terminar su primera alcaldía, Mockus renunció y se dedicó a recorrer el país haciendo campaña a la Presidencia, con doce candidatos al Senado, todos intelectuales sin caudal político, vestidos de apóstoles. Sus símbolos fueron vistos como "payasadas" en las regiones, su conocimiento político no fue suficiente, y las elecciones legislativas fueron un fracaso rotundo. Se unió a la campaña de Noemí Sanín (también ahora una de sus contrincantes) y los tres millones de votos que lograron no alcanzaron para segunda vuelta.

En las pasadas elecciones presidenciales, se lanzó una vez más, con un aval de la Alianza Social Indígena. En ese momento, en el país no había espacio sino para Uribe, y los ridiculizados sombreros naranja en forma de queso de su campaña no le ayudaron. Mockus quedó de cuarto y su lista no pasó el umbral.

A mediados del año pasado se reunieron los "quíntuples" independientes -Sergio Fajardo, Lucho Garzón, Enrique Peñalosa, Marta Lucía Ramírez y Mockus- a protestar contra la reforma política. La idea de una nueva candidatura presidencial empezó a sonar. El ex alcalde se demoró meses tomando una decisión, lo cual empezaba a generar algo de malestar. Pero cuando finalmente se lanzó al ruedo, mostró la cara un Antanas distinto, un Antanas más pragmático, más político.

El independiente idealista que se había quemado solo más de una vez buscó construir partido, y en vez de empezar de ceros, se unió, junto a Lucho y Peñalosa, al partido Opción Centro para crear el Partido Verde. La exitosa idea de una consulta interna fue una movida política inteligente, que conquistó a los medios y a casi dos millones de votantes. La unión con Sergio Fajardo creó uno de los hechos políticos más importantes hasta ahora en la campaña, y ni hablar de los 4.000 millones de pesos por reposición de votos en la consulta interna que no cobró hace dos semanas porque no se los había gastado.

Pero además, Mockus hizo concesiones a las que no había estado dispuesto antes. El pedagogo empeñado en cambiar a la gente, opuesto a la pena de muerte, aceptó a Gilma Jiménez, la promotora del referendo de cadena perpetua para violadores, como cabeza de lista al Senado. Jiménez sacó una de las más altas votaciones y le puso al partido casi 190.000 votos. Y los Verdes trabajaron mano a mano con las pequeñas maquinarias que Opción Centro había logrado construir en las regiones. Opción Centro tiene orígen en dos ex militantes del M-19 cercanos al ex senador de Santander Luis Alberto Gil, hoy en la cárcel por parapolítica, y había apoyado a listas de Gil en Santander. (ver historia)

El país empezó a conocer a un Antanas más serio, que en esta campaña no se ha puesto un solo disfraz, no ha sacado una espada rosada, ni le ha tirado agua a ningún rival político en la cara.


'Antonio'

Arriba, Antanas Mockus con su mamá, Nijole, una escultora e importante influencia en su vida. Abajo, Mockus llenando de flores una cripta vacía como parte de una campaña simbólica contra la violencia.

































Tal vez no es sorprendente que desde pequeño, Mockus haya buscado formas más allá de las palabras para comunicarse. Con un nombre impronunciable como Aurelijus Rutenis Antanas Mockus Šivickas, y habiendo aprendido lituano antes que español de sus padres imigrantes, Antanas (o 'Antonio', como le decían cuando era chiquito) fue distinto desde el principio.

Nació en Bogotá en 1952, el primero de dos hijos de una pareja de lituanos que llevaban dos años viviendo en Colombia. Su papá Alfonsas, ingeniero por correspondencia que con dedicación se propuso a aprender español, le enseñó matemáticas. Su mamá Nijole, carácter aún más excéntrico que Antanas según los que la conocen, es escultora y desde pequeño le enseñó a apreciar el arte, que él tanto mezcla con la política años después. Hoy en día sigue siendo su faro ético, y todavía la llama cuando tiene que tomar decisiones difíciles.

Fue en su edificio, en un barrio de clase media en Bogotá, donde aprendió español y conoció a algunas de las primeras personas que marcarían su vida. Recuerda en especial a la portera, una mujer de hierro que, sin pelos en la lengua, tenía la franqueza para decirle a sus jefes lo que tenían que oir. "Se parece, en eso, a las personas con las que me he rodeado como adulto", dice Antanas. Y aunque aprendió a leer a los dos años, pasó su niñez jugando con los hijos de la portera, muertos de miedo de las amenazas que nunca se cumplieron de que los iban a meter al tanque de agua del patio si no obedecían.

A los seis años 'Antonio' entró a estudiar al Liceo Francés. La periodista Maria Teresa Ronderos escribió que fue siempre el mejor de la clase, el mejor del colegio, tímido, callado, "más amigo de los profesores que de los compañeros". Sin embargo, desde muy joven empezó a distinguirse por su carácter peculiar, su visión casi fundamentalista de la justicia, y por el simbolismo de sus acciones.

Una vez, mientras Lucía, la profesora de religión, contaba una historia sobre unos incrédulos que van en una barca que se va a hundir y empiezan a rezar, la clase la empezó a abuchear. Mockus se puso a llorar en solidaridad con ella. En otra ocasión, cuando estaba en tercero de primaria, se agarró varias veces a puños con un grupo de estudiantes que con cascos y banderas nazi se dedicaron a perseguir a los judíos del salón.

Antanas fue, y sigue siendo, un hombre emocional que no se ha dejado llevar por las expectativas machistas tan atadas en Colombia a la política. Más de una vez ha llorado en público, sin pena, sin esconderlo. "Le debo mucho a mi madre, que me enseñó la idea que sin emociones la vida sería muy gris. Las más fuertes uno no las escoge", dice.

Hoy en día Mockus no va a misa, y dice que su "manera de rezar es recordar a Borges". Cuando estuvo con Lucho y Peñalosa haciendo campaña en Buga, no quisieron visitar al Señor de los Milagros para pedirle la victoria pues no podía hacerle el milagrito a los tres, y necesariamente iba a quedar mal. A pesar de ser un hombre secular, sus palabras siguen estando cargadas de temas espirituales. El perdón, la culpa, la tentación, lo sagrado y lo profano siempre son parte de su discurso. El derecho a la vida lo defiende con el fervor de quien defiende un mandato divino, y trata la Constitución Política con el respeto que un cura trata una biblia.

Lituania, el último país europeo en ser cristianizado, tiene una fuerte cultura católica que ha influenciado el discurso de Antanas. Fue acólito, y a los catorce años quería volverse cura. El padre del colegio logró conseguirle una beca para irse a Roma. No solo se opuso su papá a que se fuera antes de ser mayor de edad, además, como casi no logra confesarme en una entrevista, sonrojándose un poco y mirando hacia abajo, el voto de castidad lo preocupaba profundamente.

Pero no solo es un tema cultural, tiene también algo de cálculo estratégico. Mockus entiende el poder de la religión en Colombia, y entiende que esos símbolos pueden hacer su mensaje más trascendental. Además respeta la importancia que puede tener el apoyo de la Iglesia. Hizo campaña en 2002 vestido de apostol; como alcalde, vestía a su secretaria de gobierno de monja mientra él era súper cívico; y cuando se lanzó a la alcaldía por segunda vez le pidió perdón a la ciudad por haberla abandonado haciéndose lavar los pecados en una pila pública. Cuando confesó su mal de Párkinson, le pidió a la opinión pública que no lo "crucificaran". Mensajes como "la vida es sagrada" y "los recursos públicos son sagrados" tienen acogida como leyes más espirituales que políticas, por lo cual son tomadas por la gente con más seriedad.

El jefe

Arriba, Mockus cuando era alcalde usaba juegos para transmitir su mensaje. Abajo, la bajada de los pantalones frente a 500 estudiantes de la Universidad Nacional cuando era rector volvió a Mockus un personaje nacional.
Fotos: Campaña Antanas Mockus

































Desde el principio de su carrera política, Mockus avisó que era 'desleal'. Una persona que trabajó con él en la época cuenta que anunció que a nadie le prometía nada, y que si querían trabajar con él en la campaña no podían esperar nada de su administración (incluso algunos lo abandonaron por eso). Y aunque se trajo a algunas personas que llevaban años a su lado en la universidad, la escogida del resto del equipo fue larga y tendida, y eso causó algunas tensiones.

Cuando va a escoger nuevos miembros para su equipo, Mockus analiza su trayectoria y le da gran peso a su sentido ético, y para colmo, el 'profe' les da dos exámenes escritos de personalidad. Mockus no quiso decirme qué examenes son porque "no conviene divulgarlos", pero dijo que están diseñados para analizar la relación de su carácter con el de la otra persona. Una vez escoge a alguien, no acepta un "no" como respuesta. Tiene gran capacidad de persuasión cuando de trabajar con él se trata. Una vez escoge su equipo, les descarga responsabilidad y les da independencia. Dice creer en la "autoregulación" de las personas y las instituciones, y delega mucho.

Tiende a rodearse de mujeres fuertes (algunos dicen que por la gran influencia de su madre), y sobre todo en su primera administración, trajo muchos intelectuales a su gobierno. Le gustan las personas que son capaces de enfrentársele, aunque le molesta que lo desautoricen en público. No grita, ni regaña delante de otros, pero tampoco es generoso con los elogios. Asume la responsabilidad por las metidas de patas de sus subalternos, y aunque a veces le cuesta tomar la decisión de despedir a alguien, lo hace con facilidad cuando están en desacuerdo fundamental con su filosofía. Una vez echó a una persona por decir que "perro viejo no aprende trucos nuevos".

Mockus no es un micro gerente, o como lo dice una ex funcionaria suya, "no se siente un superman de la administración". Por el contrario, Antanas, atrapado en dilemas filosóficos e indiferente a las constricciones del tiempo, puede demorarse demasiado para decidir, por lo que gente de su equipo termina a veces tomando grandes decisiones de momento por él. Por ejemplo, titubeó hasta el último minuto de lanzarse como Presidente en estas elecciones. Lucho Garzón prácticamente lo forzó a decidir, condicionando su retiro de la lista del Senado a que tanto él como Peñalosa lanzaran su candidatura para la consulta interna.

Con frecuencia mantiene a su equipo trabajando hasta pasada la media noche. Algunos de los que han trabajado con él se quejan de que las reuniones eran demasiado largas e ineficientes. Y que a veces, tras largas disquisiciones, no se llega a ninguna parte. O que se llega, para luego reevaluar nuevamente la decisión.

Aunque es independiente, dice que es una "obviedad" que las cosas buenas de un gobierno tienen que ser sostenidas. Cuando fue elegido por segunda vez a la alcaldía de Bogotá, se comprometió a seguir con los proyectos que había empezado Enrique Peñalosa durante los tres años anteriores. Mantuvo a la mitad de su equipo de hábiles gerentes y cumplió la promesa de seguir apoyando sus proyectos como la expansión del Transmilenio.

Como administrador, guarda su entrenamiento de académico. Tiende a estudiar a profundidad los temas, y toma sus decisiones con rigor técnico. Un antiguo miembro de su equipo cuenta cómo se pasaba horas leyendo informes técnicos sobre movilidad y Transmilenio. Además, aunque normalmente toma sus decisiones solo, cree en la argumentación y valora las opiniones de los expertos.

Cuando ocurrió la crisis por el atentado terrorista en el club El Nogal durante su segunda alcaldía, estaba desesperado porque los medios lo entrevistaban constantemente y él no tenía nueva información para dar. Cuando, a eso de las once de la noche, el presidente Uribe anunció que iba para el lugar del atentado, Antanas le dijo a su secretario de seguridad, Hugo Acero, que él haría lo mismo. Acero, que acababa de llegar de Estados Unidos de un entrenamiento en manejo de crisis, le advirtió que se trataba de un riesgo altísimo, pues tener al alcalde de la capital y al presidente en el mismo lugar, donde podría haber otro atentado en cualquier momento o el edificio en ruinas podía colapsar era irresponsable. Además, los carros y la seguridad necesaria entorpecerían las labores de rescate. Antanas aceptó la lógica de la recomendación y se mantuvo donde estaba.

Esta campaña
Cuando anda por la calle en campaña, en Bogotá o por fuera, la gente se acerca a Mockus con respeto, casi con reverencia. "Profesor", le dicen algunos, y otros le piden una foto. Los niños lo adoran. Mockus es una celebridad.

Mockus significa algo en el imaginario colombiano, ha logrado crear una marca. Y ahora, mezclándole a su imágen de político limpio e inteligente un poco más de estrategia, es por primera vez un candidato viable a la Presidencia. Ya hay muchos diciendo por ahí que "la tercera es la vencida", y si las cosas siguen como van en las encuestas, seguramente llegará a segunda vuelta, aunque todavía le falta llegar a los estratos más bajos y a las zonas más rurales.

Incluso tras su anuncio hace unos días de que sufre de principios del mal de Párkinson, gran parte de la opinión pública, en vez de castigarlo, lo vio como un gesto de honestidad, y hasta esta dificil confesión se convirtió en otro de los símbolos de Mockus. Generó una reacción emocional que se vio en los comentarios en Internet. Su página de Facebook, que ya triplica la de los demás candidatos juntos, aumentó un número record de fans. Slogans que suenan a graffiti se regaron de voz en voz ("A Mockus le puede temblar la mano, pero no le tiembla la moral").

Irónicamente, Salvador Dalí también sufrió de la misma enfermedad. Pero a diferencia del pintor, las obras de Mockus no dependen de la precisión con que mueve sus manos sino de sus ideas. Ahora tiene la "nube de fotógrafos" que su mamá dice que necesita para crear una obra de arte. Falta ver en qué convertirá esta gran taza.

FUENTE: www.lasillavacia.com/historia/10046

viernes, 30 de abril de 2010

ENTREVISTA AL CANDIDATO PRESIDENCIAL POR EL PARTIDO VERDE

Qué podemos esperar si Mockus es presidente?

Lo primero es hacer una reforma tributaria lo más redistributiva posible. Debo poner las cartas sobre la mesa y espero que los colombianos entiendan que se necesita algo de redistribución. Que la mayoría de los estratos altos me apoye, es espectacular.

Pero antes de saltar a ver a quién le quitamos, hay que plantear cuál emoción predomina. Frente a la redistribución, hay tres emociones posibles: solidaridad, interés y miedo. El ideal es buscar un consenso en torno a una de ellas y lograr que produzca una causa común, una emoción compartida. Qué maravilla que los empresarios se solidarizaran a través de los tributos o que la sociedad colombiana comprendiera que redistribuir es de interés de todos. Pero puede que se haga por susto, preventivamente, para que la situación no se salga de las manos. En el debate en Caracol, Petro mencionó cuatro veces que si no hacemos eso, aumenta la violencia. Este discurso puede tener un efecto justificador. El ideal es identificar cual emoción predomina y organizar el proceso de reforma tributaria alrededor de ella.

D — ¿Qué es la legalidad democrática?

Es el cumplimiento de la ley por todos frente a todos. "Democrática" quiere decir que no haya dogmatismos de la ley, que esta se cumpla por encima de todo y que si no se está de acuerdo con las leyes, se puedan reformar democráticamente.

D — Aprovechando que usted es el candidato verde, ¿Cuál es su posición frente a la sostenibilidad?

Por un lado, espero que las empresas asuman como parte de su misión la responsabilidad ambiental. Y está el tema de legalidad democrática y la seguridad jurídica. Todos tenemos que cumplir las normas. El Estado a veces da pasos atrás y es muy complejo. Lo que pasó en el Tolima con la mina de oro es un ejemplo. No conozco el detalle, pero los inversionistas están bravos porque tenían un camino previsto y les cambiaron las condiciones.

Ahora, lo doloroso es que si se sabe que el oro esta allí y no se facilita la inversión privada, la minería artesanal se mete en la zona y el daño puede ser grave también.

D — ¿Qué haría en este caso?

Primero, examinaría hasta donde el Estado se entromete en aspectos técnicos ya definidos con base en los estudios. Todo esto lo relaciono con confianza, con legalidad democrática y con la actitud ante el generador de empleo. Ni el inversionista nos debe ver como piratas asediando los procesos de inversión para sacar rentas, ni nosotros debemos ver a los inversionistas como depredadores dispuestos a tirarse todo, pero debemos estar seguros de que se cumple la ley ambiental que conocían.

D — Pero así como hay unos que van más allá de la ley, hay otros a los que no les importa incumplirla...

Pues están la presión jurídica, más la moral, más la social. Si solo hay presión jurídica, la corrupción puede hacerle un by pass al proceso jurídico. Si el inversionista es un aliado, sus escrúpulos morales y su temor a que su imagen social se dañe, más la ley, lo harían actuar bien.

D — ¿Lo afecta no contar con el apoyo mayoritario del Congreso?

La democracia deliberativa plantea que en los escenarios constituyentes, más incluso que en el Congreso, la gente puede decidir por argumentos. Los intereses se defienden con razones, pero, una vez se esgrimen las razones, se tiene que aceptar que el otro puede también esgrimir razones, y que no se puede tener una relación caprichosa con la argumentación. Cuando se acepta un argumento a favor de sí mismo, también hay que aceptar que el mismo puede ser utilizado en contra de uno.

Un Concejal me dijo después de que salí de la segunda alcaldía: "Con usted es más interesante porque la discusión es en serio." Cuando hay tráfico de contratos y puestos, la situación es otra. Así pasó con Yidis.

¿Qué significa lo de Yidis? Hay una lógica del argumento y unas normas sociales de la transacción. Es muy importante aclarar que no se va a jugar a la transacción y hay un tema de coordinación. Si se trata de repartir unos puestos y a Yidis no le dan, se arma un despelote. Uno tiene que decir: "la regla es esta".

Me preguntaron qué haría si el Congreso me declara inválido o me saca o me amenaza con hacerlo. Respondí: la amenaza, o se cumple o no. Si se cumple, ahí está Sergio Fajardo. Si no se cumple, seguimos para adelante. Las amenazas hay que administrarlas muy nítidamente, cúmplanse o no.

D — ¿Si amenaza es porque está dispuesto a cumplir?

Sí, una vez en Corabastos me amenazaron con un día más de paro. Llevaban 24 horas y yo paré la reunión y dije "me voy a arreglar lo del paro". Me dijeron: no, es solo una amenaza, no es en serio. Igual me fui y organicé la distribución de alimentos en Corferias, en el parque Simón Bolívar. Cuando regresé, ¡estaban tranquilos!

D — ¿Qué piensa del uso que algunas regiones dan a las regalías?

Los recursos públicos son sagrados. Hay algo que es casi tan grave como la ilegalidad y es la justificación social de la ilegalidad por parte de gente que ni siquiera se beneficia de ella.

D — Pero, estas son personas que piensan que lo sagrado no está en lo estatal. No tienen grabado en ninguna parte que lo público es sagrado.

Pues hay que encontrar la forma. En Estados Unidos evadir impuestos es algo penal, pero no solo penal. Hay un consenso en cuanto a qué es indebido. Aquí es al revés. Unos evaden porque otros lo hacen, porque creen que es imposible evitar que alguien no lo haga, y terminamos tolerando la evasión.

D — ¿Piensa que parte de la razón por la cual su campaña ha ganado tanta fuerza es porque la gente está cansada con la corrupción y el clientelismo?

Sí, la gente está cansada del atajo y la corrupción

D — ¿Los jóvenes, sobre todo?

Sí. En algún momento en Twitter propuse la teoría de los dos chips; el chip zanahoria y el chip corrupto, es como si necesitáramos fijar la hora cero en el computador.

D — ¿Para tener un nuevo país?

Sí.

D — ¿Usted lo siente así?

Sí, es raro. Pero aún el más corrupto del país distingue entre corrupción y no corrupción. Si un corrupto va a escoger un profesor para su hijo, tiene idea de lo que es un profesor honrado.

D — La gente se preocupa por su capacidad para gobernar el país...

La experiencia de la alcaldía es contundente. A mí me da pena invocar las tesis doctorales que hablan de eso, los estudios de Georgetown o el Banco Mundial, pero no solo no me siento flojo en gerencia pública, sino, más bien, potente. Mis equipos han sido de calidad.

D — Con usted, ¿cuál es la diferencia?

Si no se tiene legalidad democrática o un respeto fundamentado en la ley, hay cosas que no marchan. No es solo llenar esto de policías. Apenas se quitan los policías, todos vuelven a fallar.

Debe quedar claro que me están encargando. La gente tiene que saber que se expone a un proceso de cambio.

D — ¿Cómo hacer para que Colombia mejore su educación, no solo en cobertura, sino con calidad para ser competitivos?

Una de las cosas más bonitas y razonables de la familia en Colombia es el ahorro y la inversión en educación, pero todavía no hay tanta fuerza en el tema de calidad. Los padres no presionan por más calidad. Quiero repatriar profesionales. Esa gente que ya vivió en una academia de punta puede transmitir la importancia de la calidad.

D — ¿Qué podría hacer para que esta gente vuelva?

Por ejemplo, la Universidad Nacional decidió que los cargos de pensionados los llenaría solo con personas doctoradas en el exterior. Y está el tema de pertinencia. Creo que hay que estimular la aplicación del conocimiento. Existen algunos estímulos, pero pequeños.

D — ¿Es decir, premiarlos socialmente?

Sí. Otra cosa es el rechazo, heredado de lo español, a la actitud empresarial. Queremos empleo, pero no queremos a los empleadores. Ahí hay una contradicción. Hay que hacer un reconocimiento a quienes generan empleo.

D — Concluyo que si uno logra modificar los comportamientos de la gente para que forme parte de la sociedad civil y exija, uno puede sacar adelante todo lo hay que hacer: infraestructura, educación, lo fiscal...

Sí. Pero se necesita que el problema le quede claro a toda la gente, hombre, mujer, niño. Se necesitan voces con autoridad moral, que logren concertar un cronograma de ola verde. La gente está dispuesta a pedalear y tiene claro que Antanas es un pretexto para cambiar. Ve una agenda aplazada.

D — Si Antanas Mockus es presidente, ¿con quién va a gobernar?

En Colombia hay mucha gente buena, con los dos chips. Lo que uno debe decir es: venga y trabaje. Me decía mi colaboradora, vamos a jugar fútbol con jugadores de básquet. Pues sepan que ahora es fútbol.

D — Y, la pregunta obvia: ¿Quién será su Ministro de Hacienda ?

Por el momento, en economía, consultamos a Salomón Kalmanovitz.

D — Y, ¿su Ministro de Comercio?

No lo tengo claro. Pero tengo alguien muy fuerte en ciudades, alguien muy fuerte en educación y alguien muy fuerte en nutrición.

D — Y, ¿es alrededor de ellos como va a construir?

Sí, pues tienen impacto en todo. Tres millones de niños se acuestan con hambre en Colombia, son parte de una lista de cosas inaceptables que hay que enfrentar.


FUENTE: www.dinero.com

martes, 6 de abril de 2010

“La Marea Verde”

Héctor Abad entrega su opinión sobre lo que está pasando con el Partido Verde.


No son dos profesores despistados sino dos ciudadanos ejemplares que se hastiaron de la política corrupta. No son dos soñadores con la cabeza en las nubes sino dos hombres con los pies en la tierra que han demostrado (cuando fueron elegidos en las dos alcaldías más importantes del país) que saben administrar con eficiencia y pulcritud los recursos públicos. Ambos tienen experiencia administrativa y ya demostraron que son limpios y capaces de llevar a la práctica sus ideas de educación, civismo y no violencia. Medellín y Bogotá eran dos de las ciudades más desprestigiadas de la tierra y hoy son un ejemplo para América Latina, gracias a ellos.


Antanas Mockus y Sergio Fajardo se han unido por una idea magnífica que no es superior a nuestras fuerzas: quieren un país digno y renovado, un Estado manejado por políticos limpios y sensatos, no por corruptos, energúmenos o violentos. Ellos representan lo mejor de Colombia: son dos estudiosos que no han llegado donde están por sus familias o por nombramientos politiqueros. Están juntos porque tienen un proyecto claro de país y son capaces de ser humildes y deponer los intereses personales por el bien de Colombia.

Sus dos mayores contrincantes en la próxima contienda electoral son dos políticos que nunca han sido elegidos: siempre fueron nombrados por sus contactos y apellidos. Juan Manuel Santos y Noemí Sanín no han dirigido ni siquiera un pueblo chico y no pueden presentarse como más experimentados. Si uno de ellos falta, ¿se sentiría el país seguro en manos del inconsistente Angelino Garzón o del etéreo Luis Ernesto Mejía? Recuerden: todos somos mortales.

Hay que celebrar la unión de Antanas Mockus y Sergio Fajardo. Su candidatura crecerá como espuma, como una gran marea verde y en la segunda vuelta sorprenderán a cualquiera que sea su contrincante. Unámonos al sueño de esta Colombia nueva, al sueño de un país donde sea más importante la educación que la guerra. En el que lo primero sean la salud y el agua y no el odio y las trincheras. Por un país seguro y decente, pero no plegado a los paramilitares o a los falsos positivos por el bien de una seguridad mal entendida. Ellos no claudicarán ante la guerrilla, pero al mismo tiempo eliminarán los caldos de cultivo de miseria donde crecen el descontento y la apatía.

El sueño está creciendo y se va a hacer realidad. Los jóvenes que estudian están con ellos; los jóvenes que quieren tener un trabajo decente están con ellos; los empleados hartos de la corrupción y la compra de votos están con ellos. Los colombianos pensantes estamos con ellos. Únete a estos dos grandes profesores, a estos dos matemáticos que dejaron las aulas para construir una Colombia de la que nunca más nos tengamos que avergonzar.


La unión entre Fajardo y Mockus la apoyan entre otros:

. Juanes

. Tostao

. Alejandra Borrero

. Samuel Azout

. Paula Jaramillo

. Y cientos de miles de colombianos como tú.


fuente:www.colombiaelige2010.com

domingo, 4 de abril de 2010

...


Fuente: elespectador.com

RESPUESTA DE FAJARDO A MOCKUS

Doctor
Antanas Mockus S.
Candidato Presidencial
Partido Verde
E.S.M.

Ayer recibí con orgullo y satisfacción la invitación oficial que en nombre del Partido Verde me hace para que sea su fórmula Vice Presidencial.

Como hemos conversado previamente tengo toda la disposición para aceptar este honor, pero hay unas condiciones que debemos cumplir antes de formalizar nuestra unión y que desafortunadamente el período de vacaciones de Semana Santa no nos lo permite. Le transcribo las líneas relevantes tomadas de la carta que estoy enviando a las personas integrantes de nuestro Movimiento Compromiso Ciudadano por Colombia:

"Me han ofrecido la VicePresidencia y he contestado que tengo la disposición personal a aceptar pero que primero está la obligación de escuchar a nuestra familia de Compromiso Ciudadano y garantizar que nuestros principios y nuestra propuesta programática se vean tangibles en la unión que construyamos. Si no es así, no tiene sentido para nosotros: siempre he repetido que estamos en política por convicción, no por cálculo electoral y no violaré jamás esa máxima que nos inspira. Por eso he pedido que nos demos una semana antes de aceptar para que podamos dar las discusiones que necesitamos, aclaremos con rigor los términos de la unión, de forma que evitemos problemas posteriores.".

Le pido que de inmediato nos pongamos a trabajar para resolver los detalles necesarios y construir una unión sólida, de forma que le presentemos al país la mejor propuesta posible y desde la Presidencia de la República lideremos la transformación de Colombia. Con sentimientos de consideración, reciba un abrazo,

Sergio Fajardo V.
Candidato Presidencial Compromiso Ciudadano por Colombia

CARTA DE MOCKUS A FAJARDO

Doctor
Sergio Fajardo Valderrama
Compromiso Ciudadano por Colombia
E. S. M.

Apreciado Sergio, colega, compañero de ruta en la renovación de la política en Colombia, en el mejoramiento de las ciudades colombianas y en la voluntad de trabajar por una mejora sustantiva de la vida en nuestro país.

Le escribo con dos propósitos:

Reiterarle mi voluntad de consolidar el acercamiento entre nuestros proyectos.

Solicitarle su aceptación para que el Partido Verde pueda inscribirlo como candidato a la vicepresidencia de Colombia para el periodo 2010-2014.

Señalo con entusiasmo que Lucho Garzón, Enrique Peñalosa, la dirección nacional del Partido Verde y las redes sociales que se han construido alrededor de nuestras candidaturas, así como varios columnistas de la prensa escrita, ya se han pronunciado positivamente.

Cordial abrazo,

Antanas Mockus
Candidato a la Presidencia
Partido Verde

martes, 30 de marzo de 2010

Prioridades Programáticas

1. Cultura ciudadana y educación como pilares del desarrollo.

2. Defensa y cuidado del medio ambiente y de la biodiversidad.

3. Búsqueda efectiva de la igualdad, la equidad, el ejercicio de los derechos y el acceso a la justicia.

4. Desarrollo sostenible desde los puntos de vista social, económico y ambiental.

5.
Seguridad y convivencia por el derecho a vivir sin miedo.

6.
Fortalecimiento de la autonomía y productividad de las regiones.

7.
Crecimiento económico con redistribución.

8.
Focalización de las políticas públicas en niñez y juventud.

9. Ampliación de capacidades y oportunidades.

10.
Eliminación de toda clase de discriminación sexual o de género.